sábado 27 de octubre de 2007

La culpa es de Pepa

Así como dijo Zandra, la culpa es de Pepa y como digo yo siempre puede ser peor, el inframundo era muchísimo peor por culpa de Pepa

Hoy con estas palabras quiero drenar la arrechera y la decepción que se acumularon durante el tiempo.

Pepa nos jodió mucho y a muchos; nos hizo sentir mal y menos; sabía como darnos en la madre, nos bajó el autoestima, hizo que nos enfermáramos, nos quitó el gusto de hacer lo que nos gustaba, nos mintió, nos desgastó y por algún tiempo nos anuló.

Pero también a ella hay que agradecerle ser un ejemplo. Ejemplo de lo que no se quiere ser en la vida, ejemplo de mediocridad, mezquindad y de poca gente. Siendo así, a Pepa nadie la quiere, nadie la respeta y nadie le dura. Aún hoy la seguimos recordando a ella como lo peor en muchos aspectos .

Hoy todavía no se porque sigo enganchado, quizás porque fue mucho tiempo y fueron muchas cosas, pero si de algo estoy seguro es que la culpa es de Pepa

domingo 7 de octubre de 2007

Historias con Buhoneros

Como dice mi amiga Lala no es lo que te pase si no delante de quien, y estas historias pasaron delante de mi…

Rosángela me pidió que la acompañara a comprar cigarros en el pasaje zing. Ese día ella vestía su particular combinación de rosados que incluia unos zapatos -rosados también- tipo sueco con la punta “pullua”.

Quien conoce a Rosángela sabe que ella es bastante despistada, quedó totalmente confirmado ese día cuando de regreso a la oficina más o menos a la mitad de la avenida Universidad un fuerte y continuo “siseo” hizo que volteáramos, un buhonero le dice: Mi cenicienta aquí tengo tu zapatilla, y es en ese momento cuando Rosángela se da cuenta que le faltaba uno de sus suecos, rápidamente agarró la zapatilla de su príncipe buhonero y se dio cuenta que había dado 5 o más pasos con el pie descalzo en el asfalto donde diariamente miles de personas caminan, escupen, orinan, botan basura y por donde pasan infinidad de carros y autobuses.

-.-

Mónica es llamativa, catira e imponente, bonita la muchacha.

Ese día salimos de la oficina, ella, Lala y yo y como siempre estábamos de mal humor, pero eso duro poco. En dirección contraria venía un buhonero que al ver a Mónica se detuvo, la detalló por un instante y embelezado exclamó: ¡La Diosa del Centro!

Eso nos causó mucha risa sobre todo porque nuestra imaginación empezó a trabajar y por ejemplo Lala se imaginó la estampita de la Diosa del Centro pero en vez de que Mónica estuviera sobre una danta como Maria Lionza, pues al ser una deidad del centro debía estar sobre una rata.

Ese día seguimos nuestra vía, no sabemos cuánto estuvo el buhonero en estado de trance, pero le agradecemos por esos minutos de risa, por la cara de Mónica y por el sobrenombre.