Siempre he sido un pendejo. Si y estoy orgulloso de eso aunque no me sirva de mucho sobre todo en esta ciudad.
En general no me gusta comerme la luz, no me gusta colearme, trato de caminar por el rayado de peatones, tampoco me gusta sobornar y trato de hacer las cosas por la vía legal. No me la voy a echar de santo tampoco, claro que alguna vez he hecho algunas de las cosas antes mencionadas porque bueno tengo que sobrevivir en este inframundo, pero en verdad no me gusta y bueno eso me ha traído algunos problemas.
En unas de esas conversas con Zandra concluimos que eso de ser pendejo debe ser genético, porque mis padres también son medios pendejos, mi hermana es pendeja por lo que seguramente mis hijos serán también unos pendejos de marca mayor.
¿Qué sería de las oficinas si no tuvieran pendejos dentro de sus organizaciones? Por ejemplo en el inframundo donde estuve cinco años tenían un perfecto ojo para reclutar pendejos. Los VP (en su mayoría jefes mediocres y coños de madre) siempre se vieron beneficiados con el trabajo y la eficiencia de nosotros -como bien diría Elisa- los BP (Bien pendejos) que íbamos y veníamos dejando la salud mental y física por el trabajo. Es anormal la cantidad de pendejos que nos conocimos ahí, que con esa escuela creo que ahora somos un poquito menos pendejos, aunque el que es pendejo siempre lo será.
Por supuesto -por pendejo- he sido honesto y sincero, a mucha gente no le gusta que le digan la verdad, por eso me han jodido en los trabajos, en el amor, los amigos, e incluso los desconocidos.
Uno se cansa de ser pendejo o más bien de que por pendejo abusen de ti, por lo que con el tiempo tengo más desconfianza y cuando pillo que me están tonteando me retiro y difícilmente vuelva a sentir respeto, cariño o compasión por esa persona.
Mientras yo sigo aquí, en esta ciudad que es para los vivos, para los que se colean, los que no respetan las leyes, los de “quítate tu pa’ poneme yo”. Eso si orgulloso de ser pendejo.
P.D.: anexo la lista de 100 tipos de pendejos de la página http://www.cafeliterario.com/, que me envió Ana.




